Bocadillos de guayaba
Jueves cualquiera de enero y aún no termino la tesis. Ya casi. Repaso y tengo a la mano el café de todos los días, las galletas de la tienda de mayoreo, mis dulces de miel a la derecha y una botella de agua templada. Estoy lista para empezar.
El camino de la ciencia y la investigación nunca fue mi primera opción, pero cuando lo encontré me pareció un gran puente; aunque ahora mismo haya descubierto que el otro lado tiene en falta tablas y tocará saltar.
Ya prendí mi computador, abrí spotify y suena lux en mis audífonos.
Tú que estás lejos / Y a la vez más cerca / Que mi propia vena yugular
Olivia se acerca. El escritorio de Olivia está a dos metros del mío y compartimos todos los días, una queja, un chisme, un consejo o un dulce. Hoy Olivia me ha regalado un bocadillo de guayaba mientras me pregunta si los probé en Colombia en noviembre.
Para el sendero sólo llevábamos: agua y bocadillos de guayaba. Ah, y un amor atrapado en las costillas. Y muchos besos esperando a ser dados.
Olivia aún sostiene el bocadillo en su mano mientras me mira. Sonríe, y me lo extiende mientras yo intento articular palabras para justificar mi contento.
Lo mordió. Lo acercó a mi boca para que lo probara. Lo mordí. Me acerqué a su boca para probarlo.
Acepto el bocadillo. Tiene la misma forma, la misma envoltura. Lo pruebo para verificar que es el mismo sabor. Doy un mordisco pequeño, como plegaria: Por favor que sea el mismo, por favor que sepa a él.
El primer beso fue el más dulce. Tanto tiempo contenido. Tanto amor desbordado. Y entre lenguas, dientes y labios: azúcar del bocadillo de guayaba.
Sabe a él. Olivia regresó a su lugar sin saber que me acaba de regalar, envuelto en una hoja de bijao, un beso de páramo. De él.
Seguimos compartiendo el bocadillo, ahora hay suspiros, jadeos por la altura y besos. Incluso después de terminar el bocadillo, haber dejado de suspirar y no estar más en la montaña, aún hay besos.
Me he comido el bocadillo de forma minuciosa, saboreando poco a poco, lo he mordido con delicadeza.
Besos, besos, besos. Sus labios, su lengua, sus dientes. Su forma de sonreír. Su forma de mirarme. Su forma de volverme a besar. La risa que suelta ante mis intentos de coquetear.
Sí lo probé en noviembre.
Gracias, Olivia.


Comentarios
Publicar un comentario