Sin horario.
A papá.
Te quiero a las 4 de la madrugada,
cuando no sé quién soy y todo mi mundo está borroso,
cuando mi mente no para de pensar en cámara rápida,
cuando todos mis miedos me inundan y no sé cómo reaccionar.
Te quiero a las 6 de la mañana,
cuando suena mi alarma y debo despertar,
cuando abandono mis pesadillas en la cama,
cuando me levanto y no estás.
Te quiero a las 10 de la mañana,
cuando el frío se está yendo y el sol resplandece,
cuando pienso en las palabras menos que me dices,
cuando almuerzo y hace mucho que sin ti.
Te quiero a las 2 de la tarde,
cuando terminan mis clases y no tengo una sola llamada tuya,
cuando siento el viento correr tras de mí como alguna vez tú,
cuando voy contando anécdotas y parece que con tu voz.
Te quiero a las 5 de la tarde,
cuando las aves vuelan y silba el viento,
cuando los árboles dejan al sol atravesar sus ramas,
cuando me siento a mitad de un parque y no de tu vista.
Te quiero a las 9 de la noche,
cuando me miro en un espejo y observo también tu reflejo,
cuando pienso en las olas de un mar lejano a mí pero cercano a ti,
cuando evoco un pasado tapizado de tus palabras que fusionan en mi alma.
Te quiero a media noche,
cuando no tengo ni pizca de sueño y olvido que comienza un nuevo día,
cuando las tristeza se hace una conmigo dejándome acariciarle,
cuando siento que el tiempo se me va como agua y yo nunca lo bebo.
Te quiero en cada fracción de segundo que hay entre las horas dichas y las no dichas.
Te quiero en cada palabra que pronuncio, en cada paso que doy (aunque sea hacia atrás).
Te quiero en todos los tiempos, con todas mis células, lágrimas, pesadillas; sin importar tus palabrasdoblefilo ni tu ausencia de sonrisas.
Te quiero y no hay horario para eso.



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