Carta 2. Benjamín
Te escribo acá porque no pienso abrir tu chat en mucho tiempo. Te silencié de todos lados porque no quiero saber nada de tu nueva felicidad, ya sé que ahora eres feliz con ella y me basta tanto como bronca me da. Bronca porque fui tan poca cosa para ti que no pudiste decirme a la cara o al menos al chat, que tenías pareja ya. Que nuestro vaivén no se repetiría. Fui tan poco para ti que me tuve que enterar por Instagram de tu nueva relación, no te importó ni comentarlo. Y tengo dos opciones: la primera es pensar que fui tan poca cosa para ti que dejaste que sola me alejara al darme cuenta. Y la otra, la que más me gusta, es que fuiste un cobarde que no supo qué hacer con todo lo que soy. Esta última es la que menos admito porque te deja a ti como un cobarde y a mí como una idiota que se enamoró de un cobarde. Algún día me gustaría saber porqué. Ansío saberlo y que no me importe ni me cambie nada tu respuesta. En mi silencioso duelo y enojo te he dedicado muchas canciones de las cuales nunca conocerás sus nombres y escrito muchos poemas que jamás se llamarán como tú.
Pronunciar tu nombre se ha vuelto una actividad ilícita para mí. No quiero evocarte, no quiero que vengas a mi mente de la mano de recuerdos bonitos porque tengo bronca y no quiero ensuciar todo lo que ya pasamos cuando la pasamos bien. Tampoco quiero pensar en los regalos que tenía por tu cumpleaños número veinte, porque aquel día que quedamos para que te los diera estaba ilusionada en ver tu sonrisa incrédula de lo inmortal que te estabas volviendo ante mí. No pudiste ir aquella tarde,¿recuerdas? me regresé a casa con los regalos y la ilusión. Días después, la foto. Días después, la bronca. Al menos nuestra amistad, ¿te importó algo los últimos meses? ¿el último te quiero que me dijiste fue a la par de decírselo por primera vez a ella? ¿algún día hablaremos del tema? ¿algún día hablaremos? Yo no lo sé, por eso te escribo.
Pronunciar tu nombre se ha vuelto una actividad ilícita para mí. No quiero evocarte, no quiero que vengas a mi mente de la mano de recuerdos bonitos porque tengo bronca y no quiero ensuciar todo lo que ya pasamos cuando la pasamos bien. Tampoco quiero pensar en los regalos que tenía por tu cumpleaños número veinte, porque aquel día que quedamos para que te los diera estaba ilusionada en ver tu sonrisa incrédula de lo inmortal que te estabas volviendo ante mí. No pudiste ir aquella tarde,¿recuerdas? me regresé a casa con los regalos y la ilusión. Días después, la foto. Días después, la bronca. Al menos nuestra amistad, ¿te importó algo los últimos meses? ¿el último te quiero que me dijiste fue a la par de decírselo por primera vez a ella? ¿algún día hablaremos del tema? ¿algún día hablaremos? Yo no lo sé, por eso te escribo.


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